Una nueva oportunidad para el poder local: elecciones regionales 2008

Por: Némesis

Definitivamente Venezuela no ha superado del todo el caudillismo. Es triste y penoso reconocerlo pero ese es uno de los retos principales de la revolución. A 10 años de iniciado el proceso de cambios y a la luz de la evaluación de los gobernadores y alcaldes salientes –tanto del oficialismo como de la oposición- ha quedado una evidencia innegable: la falta de organización popular no ha presionado a los gobernantes locales a destruir los moldes heredados del siglo XIX, uno de ellos, el más visible, el caudillo.

Creo que ya se le acabó la época a ese tipo de liderazgo, lo aniquiló el único contrincante que era capaz de hacerlo: los consejos comunales. Cuando el Presidente Chávez en el año 2005 empezó a concretar la idea de esta forma de organización popular cuyo fin es hacer concreto y real el principio constitucional de la participación protagónica se estaba iniciando un gran avance el proceso de cambios.

 

¿Cuál era el clima político que imperaba en el momento que Chávez los empieza a impulsar?

 

Estaba reciente el triunfo del referéndum revocatorio del 2005. El apoyo claro del pueblo venezolano a la revolución asombraba y fascinaba a propios y extraños, a la oposición y al propio chavismo. Pero el asombro no era por el apoyo al presidente, lo asombroso era que el espaldarazo fue directo a él y no a sus gobernadores o alcaldes partidarios. Era común en los análisis políticos después del triunfo el contraste permanente entre lo uno y lo otro.

 

Consciente de esto, Chávez organiza los que llamó los gabinetes móviles como una estrategia inicial para que el pueblo entendiera la importancia de los consejos comunales. Era imposible que el presidente se dedicara permanentemente a esta actividad pero marcó un punto de inicio importantísimo para la consolidación de esta forma de organización comunitaria.

 

Esos gabinetes móviles descubrían cada vez más la ineficiencia de los gobiernos locales. El presidente se cansó de repetir por distintos medios la necesidad de que alcaldías y gobernaciones debían ser los responsables primarios de los problemas de la gente. Cuando se encontraba en sus andanzas por el país a algún en condiciones de salud deplorables fustigaba al alcalde por no ocuparse de ese problema y ni siquiera conocer su existencia.

 

Repito, a 10 años de revolución se le acabó el pan de piquito a los caudillos regionales. Les llegó la hora de comportarse diferentes, de bajar constantemente a las bases para saber sus necesidades reales. Ya no puede andar en camionetas con decenas de escoltas alejado cada vez más de la gente, para alucinar, casi hasta el éxtasis hipnótico, una “pequeña república” bajo su mando y sentirse un “pequeño presidente” de la nación.

 

En caso de repetirse, lo que ha sido casi una constante en la última década, el pueblo le pasará por encima.

 

Los gobernadores y alcaldes farsantes e ineficientes que apostaron secretamente a una derrota de la reforma constitucional precisamente porque le daba más poder a los consejos comunales se tienen que ir en su mayoría.

 

Vienen otros tiempos, el tiempo del PODER POPULAR, que a su vez no será nunca algo acabado. Deberá ir fortaleciéndose con un aumento progresivo de la conciencia colectiva.

 

Muere el caudillismo vive la democracia…


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